Hoy el día amaneció algo mas tarde para nosotros,no así para los pajarracos de los alrededores que empezaban fieles su recital a las 7 de la mañana. Tapones. Micro y macroarousals.No hay actividad el fin de semana en Kisubi Hospital, tan solo urgencias. Así que tras diseñar y construir un tendedero casero para la colada salimos junto a "Uncle Sam" para nuestra visita a la capital. Ya os hemos contado en capítulos anteriores las maravillas de este sexagenario piloto que han puesto a nuestro servicio, sin embargo hoy nos hemos enterado de un detalle que le eleva al nivel de "Completo Jefazo": estaba en la lista de invitados de la boda que se celebra hoy en Kisubi, a la cual no asistirá para llevarnos a la capital. Un sentimiento de explotadores nos invade, pero ya estamos en camino. Lo dicho: "Jefazo".
Kampala se encuentra situada en el centro de 7 colinas, 10km al norte del Lago Victoria. Caótica y desordenada, como buena capital africana. De sus 1,65 mill de habitantes al menos 1 millón se encuentra al volante de un furgo-taxi o una moto, conduciendo como verdaderos kamikaces. Sonríen y saludan al vernos a través de las ventanillas de nuestro bólido. Los andamios fabricados con madera abundan en las afueras, dándonos idea del gran crecimiento de la ciudad y del país.
Como buenos turistas, el primer lugar de destino es el mercadillo y como buenos turistas, nos invade una enajenación transitoria que apunto esta de acabar con Borja empeñando a Diego para poder llevarse otro par de figuritas de jirafas. Por suerte no aceptan a Diego.Demasiada barba, creo. Sam nos saca de allí y nos conduce al encuentro planeado con Florence Ayo ( miembro de Adelante Africa que se encarga de proyectos de educación y salud en la región oriental de Tororo). Pese a la falta de glamour, nuestros estómagos nos piden huir del arroz cocido y quedamos con Florence en el Mc Donalds de aquí (Mr. Tasty). Allí, entre hamburguesas y ketchups establecemos nuevos contactos para visitar nuevos hospitales y recibir pacientes de la zona oeste del país en el próximo viaje. Contentos.
Florence nos sugiere una visita al museo nacional y aceptamos con entusiasmo, sin embargo la redistribución postpandrial del flujo sanguíneo y una guía con alma de Eduard Punset, nos dejan bastante planchados. Pese a todo disfrutamos con reliquias como antiguas calabazas convertidas en amplificadores y unas cartas que arrojaban en los juicios para decidir la culpabilidad de los acusados.
Otra de las cosas que nos ha sorprendido en Kampala y en general en toda Uganda es la presencia de soldados armados y detectores de armas en la entrada de todos los establecimientos, incluso de museos y supermercados. Impresiona.
Por ultimo antes del regreso hemos visitado el hospital de Mulago, el mayor del país. Tan solo hemos paseado por sus pasillos y estancias y nos hemos asomado por la urgencia. Hemos percibido un cierto orden en las zonas de atención a los pacientes que parece increíble en relación al caos que impera fuera. Familias enteras, maleta en mano y un par de bebes a la espalda, acampan en los descansillos y las zonas de césped del hospital. Por lo que nos cuentan, harán vida aquí hasta el alta de su familiar enfermo. No hay casos de ébola, tranquilidad familias!!!
El camino de regreso ha sido más corto para alivio de todos. Sam atraviesa la universidad para que podamos echar un vistazo. Campus moderno, estilo americano, pero con pajarracos de casi 1 metro de altura a los que sólo les falta el portafolios bajo el brazo. Nos volvemos.Miles de tiendas alocadas repartidas a ambos lados de la carretera. Baches.Agradecemos a Sam el esfuerzo con palabras y una buena propina. Esta noche se agradece el arroz y el descanso. Mañana más aventuras.




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