Tras montarnos en el avión a Turquia nos comunican que saldremos con retraso y, por tanto, dificilmente lleguemos a coger el vuelo de enlace hacia Entebbe, Uganda.
Llegamos a Estambul con los relojes en hora pasada, así que empezamos nuestro periplo reclamatorio. Tras infructuosos intentos por localizar nuestras maletas, nos conceden la indemnización con hotel y comidas en Estambul, por lo que tendremos tiempo de visitar por la mañana la ciudad.
El hotel es de cinco estrellas (equivalentes a 3 en España) y cuando llegamos con nuestras pintas viajeras, se celebraba una boda turca, con invitados emperifollados y coctail en la piscina.
Da igual, somos felices, en nuestros dia de la marmota particular (el de ponernos una y otra vez la misma ropa tras ducharnos). Vemos los partidos de baloncesto del mundial (Turquía gana con un triple en el último suspiro tras perder todo el partido) con un té y una cachimba entre manos.
Paseo matinal por Estambul y nos regresamos al hotel camino del aeropuerto. Vamos enlatados en un minibus, un nuevo detalle de Turkish Airlines con sus clientes.
Ponemos rumbo a Uganda en el tan ansiado TK606. El avión está repleto de guiris y Ruandeses (hecho que comprobamos en la escala de Kigali) y menos Ugandeses. Los bebés y otros lactantes impiden conciliar el sueño, pero el cansancio puede con nosotros y llegamos en un plisplas.
En la entrada al país, un cuestionario de salud e higiene de manos obligatoria para controlar la entrada del Ébola (para tranquilidad familiar, la última cepa encontrada en Congo está controlada y es diferente a la famosa epidemia de Liberia-Sierra Leona-Guinea). Nos recogen de madrugada, el afable chófer, Sam, y la coordinadora, Jacqueline (Jackie), con caras de sueño y frío. Nos alojamos en el mismo Kisubi, dentro del recinto hospitalario, junto a las casas de los empleados. Resolvemos pequeños problemas como instalación de mosquitera... Y a dormir!
Ya por la mañana, Jackie nos muestra el recinto del hospital, bastante completo: con 3 quirofanos, hospital obstétrico, infantil, general, y pruebas diagnósticas (tienen TAC!!!), laboratorio y vacunaciones, a parte de oficinas, comedor y restaurante. Nos cuenta cómo han evolucionado las instalaciones gracias a las donaciones, pues su recaudación solo permite pagar salarios y mantenimiento. Continúan trabajando para abrir nuevos edificios hospitalares.
De momento, en nuestra tarea no podemos hacer nada, tenemos que conversar con el dr. Asaba Robert, director médico, para establecer un plan de trabajo y organizar tareas y pacientes, asi que nos quedamos descansando, luego un breve paseo para conseguir Chelines Ugandeses y una breve panorámica del lago Victoria, en la que encontramos una pareja bailando sobre una moto (haciendo un videoclip musical, como actividad de ocio, sin ser famosos cantantes ni nada. Finalizamos la jornada con un partidillo de voley con los trabajadores del hospital y una abundantísima cena ugandesa.

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